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lunes, 10 de noviembre de 2014

Reproducir rosales: Esqueje de rosal

No todo va a ser recoger hojas en otoño. Hay otras muchas labores a desarrollar y hoy trabajaremos una muy sencilla y gratificante: multiplicar rosales a partir de esquejes.

Procedimiento
1. Buscaremos un rosal sano e interesante (sea por número de flores, tamaño, olor, etc.).
2. Cortaremos una rama sin rosas (pero que haya tenido previamente) de unos 20 cm y cuyo grosor sea, aproximadamente, el de un lapicero. Recordad utilizad unas tijeras bien afiladas, limpias y evitar rasgar la corteza. El corte inferior debe ser horizontal. El superior, si procede, en bisel.
3. Eliminaremos las espinas y la parte superficial de la corteza para favorecer el posterior enraizamiento. Igualmente quitaremos todas las hojas y brotes de la rama.
4. Tratamiento de la parte inferior. Dos opciones:
4.1 Uso de hormonas de enraizamiento. Incrementará exponencialmente la probabilidad de agarre, si bien no es absolutamente imprescindible. Su aplicación consiste en impregnar el polvo o líquido (según el formulado) en la parte a enterrar.
4.2 Sin hormonas de enraizamiento. Sumergiremos en agua la parte a enterrar durante unos 20 minutos.
5. Colocaremos el esqueje en una maceta con turba, sumergiéndolo unos 10 cm. Presionaremos bien la turba alrededor del esqueje para favorecer el contacto y, con ello, el enraizamiento.
6. Regaremos abundantemente.
7. Días posteriores debemos procurar un sustrato húmedo pero no encharcado.

Época
Otoño

Advertencias
Si bien se trata de un método sencillo no es el óptimo puesto me debilita al rosal. Obtendremos un rosal de buena apariencia pero más sensible.
Si queremos un rosal resistente y hermoso lo ideal será esquejar un rosal silvestre y sobre este injertar nuestro rosal seleccionado. Esta tarea resulta más tediosa y lenta pero efectiva a largo plazo.

Os dejo un vídeo de juannogales por si queréis ver el proceso de forma más visual:

miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Por qué se caen las hojas de los árboles caducos en otoño?

Fuente: Concienciaeco
 Los árboles caducos (o caducifolios) son aquellos que pierden su follaje, sus hojas, durante una parte del año. Normalmente coincide con la época de más frío, el otoño o invierno, según en la zona en la que nos encontremos.

Pero, ¿por qué el árbol toma la decisión de perder sus hojas? Es, como casi todo en la naturaleza, una decisión puramente práctica, una adaptación. El árbol está viendo como cada vez la radiación solar que llega a sus hojas es menor por lo que la productividad de estas disminuye enormemente. Cada vez hay menos horas de sol, los cielos tienden a estar más cerrados y la cantidad de luz que llega a la superficie foliar es mínima. Entonces, ¿resulta rentable para el árbol mantener unas hojas que casi no producen pero que tiene que mantener sanas? La conclusión se torna fácil, la respuesta es no. El árbol decide pasar dicha época fría en unas condiciones de estado casi latente, medio dormido, a la espera de tiempos mejores.

¿Qué hace el árbol para deshacerse de las hojas?
En ese momento el árbol deja de enviar savia, alimento, a las hojas, cerrando el acceso de la base del peciolo (rabito de la hoja). De esta forma la savia, al intentar acceder a la hoja, se encuentra con la puerta cerrada. En ese momento empieza una muerte lenta de la hoja que finalizará con una pequeña ráfaga de viento que la tire al suelo una vez esté completamente separada de el resto del árbol.

Fuente: Ecoosfera
¿Por qué cambian de color las hojas y se vuelven amarillas, rojas o marrones?
Cuando la planta decide que ya no necesita las hojas porque no realizan bien su labor decide que, puesto que van a morir, no van a utilizar ciertos compuestos que las hojas tenían. Decide reabsorberlos y aprovecharlos. Entre esos compuestos se encuentra la clorofila. La clorofila es un pigmento, una especie de colorante, que da el color verde a las hojas y que permite realizar la fotosíntesis en los vegetales. Cuando la planta comienza a reabsorber la clorofila, ese color verde tan intenso que tapaba al resto de colores, comienza a desaparecer. En ese momento, los pigmentos que casi no se apreciaban antes van a ser los que den el color dominante a la hoja. Así aparecen tonos amarillos, rojos o pardos que debemos a los carotenoides y flavonoides.